NÚREMBERG. LA FARSA JUDICIAL DEL SIGLO XX

El film “Núremberg, el juicio del siglo” (2025), del cineasta James Vandervilt, sirve de telón de fondo para abordar lo que sucedía en aquel abril de 1946. Ni la Carta de Londres, ni los vientos fríos de los Alpes Suizos lograban suavizar el candente debate que se libraba al interior del Tribunal Militar Internacional. La fogosa deliberación se mantuvo durante 10 meses. En octubre finalizaron los Juicios de Núremberg y los magistrados se aprestaron a dictar sentencia. 12 gobernantes nazis fueron condenados a la horca y otros 3 enviados a cadena perpetua; 2 oficiales nazis fueron penalizados con 20 años de prisión, uno fue condenado a 15 años de cárcel y el otro, a 10 años; 3 funcionarios fueron absueltos y dos quedaron sin condena expresa. De los 6.500 miembros de la SS sobrevivientes, 60 fueron condenados… Ochenta años después, cunde la indignación ante semejante farsa judicial.

No hubo sanción alguna contra los grandes banqueros e industriales (cárteles del hierro y el acero) que sostuvieron al régimen nazi. Tampoco contra los que financiaron la guerra y/o se lucraron con ella (Shell, General Motors, Kodak, Coca Cola, Nestlé, IBM, Hugo Boss y Adidas, entre otras). Ante la presión europea, Alemania creó en 1999 un fondo compensatorio para víctimas. Empresas tales como Allianz, BASF, Bayer, BMW, Daimler-Chrysler, Deutsche y Dresdner Bank, Friedrich-Krupp, Hoesch, Siemens y Volkswagen, fueron obligados a indemnizar sólo a los sobrevivientes alemanes, no a los damnificados del Este Europeo. Luego se profirieron piadosas condenas morales contra artistas, escritores y filósofos pronazis. Martin Heidegger y su “Diario” (“Los cuadernos negros 1931–1970”); el dramaturgo Gerhart Hauptmann (premio Nobel 1912). 

En la lista pronazi estaba Gunter Grass (“El tambor de hojalata”, 1980), Nobel de literatura 1999; el escritor noruego Knut Hamsun (Nobel 1920), furibundo defensor de la ocupación nazi quien regaló el galardón sueco a Joseph Goebbels y el médico y escritor francés Louis–Ferdinand Celine, famoso por sus relatos antisemitas. Entre artistas, descollaban Arno Brecker y Josef Thorak, los escultores oficiales del régimen nazi; el pintor Werner Peiner, el cineasta Leni Reifenstahl y la dinastía musical Wagner. Nunca se condenó el silencio del papa Pío XII ante los crueles y criminales embates de los nazis, fascistas y falangistas, ni el genocidio de un millón de rusos cometidos por el brutal régimen stalinista en los campos de concentración siberianos (goulags). Tampoco, se condenó el exterminio de los indígenas norteamericanos en manos de los colonialistas británicos y franceses…

Tampoco el cruento dominio neocolonial establecido en Indochina y el Sureste asiático por parte del Reino Unido y Francia y la utilización del Holocausto judío (la shoah) para justificar el “expan–Sionismo” del Estado de Israel y la expoliación del pueblo palestino. A partir de 1998 se erigió un Tribunal Penal Internacional Permanente. Sin embargo, muchas inquietudes siguen rondando las mentes justicialistas europeas: ¿Bastaba con juzgar “formalmente” tantos crímenes abominables y de lesa humanidad? Al darse condenas ejemplares y proclamas ecuménicas que exaltan el “Nunca más”, ¿por qué ciertas tesis etnocentristas y genocidas, repudiadas por la ONU y los ciudadanos libres del mundo, aún perduran y se revigorizan? … Sigue torturándonos ese lema infame que aparecía en la entrada del campo de concentración de Auschwitz. Arbeit macht frei” (“El trabajo libera”).

Se hizo odioso en la conciencia de los ciudadanos libres del mundo, el lema Ein Volk, ein Reich, ein Führer (“Un pueblo, un imperio, un líder”) … ¡Nunca más!